lunes, 21 de septiembre de 2009

Ricardo Piglia y Mar del Plata

“(…) Mi padre era peronista; cuando cayó Perón, nosotros empezamos a sentir la presión del cambio político. Vivíamos en Adrogué, un suburbio de Buenos Aires donde los lazos familiares y de amistad se entreveran y los conflictos políticos y personales se potencian.
Nos fuimos a Mar del Plata y mi padre empezó de nuevo. Fue un cambio (…) muy benéfico, porque Mar del Plata es una ciudad con una vida cultural muy intensa. Y ahí empecé a escribir. (…) Allí me ligué a la gente de un cine club histórico, y a los aspirantes a escritores, estudiantes crónicos, periodistas que hacían la bohemia de la ciudad.

Mar del Plata es fantástica, porque es un sitio de veraneo que en invierno queda convertido en una especie de lugar desprotegido, un pueblo que tiene todas las características de una gran ciudad: muchos cines, muchos bares que están vacíos siete meses por año. Había uno al cual iba la gente que jugaba en el casino: "Ambos Mundos". Estaba abierto toda la noche. Ahí, como jefe de la mesa de discusión, estaba un norteamericano que contaba una historia muy extravagante sobre sí mismo. Decía que era un escritor importantísimo que había publicado varios cuentos en el New Yorker. (...) ¿Por qué ese hombre tan culto, tan refinado, que vivía sin trabajar, estaba ahí? Porque había venido siguiendo a una mujer, una novia de Nueva York casada con un empresario de la pesca que había sido trasladado a Mar del Plata. Lo cierto es que él fue un gran maestro para mí: él me hizo conocer esos libros de literatura norteamericana que no circulaban fácilmente.”

*Ricardo Piglia, narrador, ensayista y crítico literario, nació en Adrogué, prov. de Buenos Aires, pero en 1955 se a vivir a Mar del Plata. Es autor, en otros, de los libros Respiración artificial y Plata quemada.

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