miércoles, 23 de septiembre de 2009

el lado oscuro de mogotes





En la casa de la calle Benedetto Crocce al 300, de Mar del Plata (véase foto derecha), vive tranquilo el responsable de la Noche de los Lápices. El responsable de la Noche de los Lápices vive tranquilo en Mar del Plata y habló con Miradas al Sur.


Por Roberto Garrone - Mar del Plata -

En estas calles de tierra, poceadas y desparejas, en la periferia del barrio Punta Mogotes, pero a más de 15 cuadras de la playa, donde Mar del Plata ha perdido casi todos los atributos de la Ciudad Feliz, Juan Miguel Wolk se siente impune.

Alias el "El alemán" o "El nazi", como lo llamaban sus camaradas, este comisario mayor de la Policía de la Provincia de Buenos Aires fue uno de los máximos responsables del Pozo de Banfield, un centro clandestino de detención en donde estuvieron los alumnos que militaron en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), quienes fueron torturados y asesinados, en lo que luego se conoció como La Noche de los Lápices, una seguidilla de secuestros que comenzó el 16 de septiembre de 1976.


Todas las víctimas eran menores de edad. Distintos testimonios registrados durante el juicio a la Junta Militar, como la denuncia del ex policía Carlos Hours ante la Conadep y los procesos judiciales posteriores, le confieren a Wolk el grado de genocida por el secuestro, tortura y asesinato de cientos de detenidos que pasaron por el centro clandestino de detención que regenteó entre 1976 y 1978.


Por sus crímenes fue condenado a 25 años de prisión a principios de los años ’80. Pero tiempo después fue beneficiado con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En 1998 el juez español Baltasar Garzón pidió su extradición, en la misma lista en que figuraba el almirante Emilio Massera. Tras la abolición de esas leyes, y cuando se esperaba que fuese citado a declarar en los Juicios por la Verdad, los jueces recibieron la noticia de que Wolk había muerto. Pero en esta tarde soleada y luminosa del invierno marplatense, donde chalets con jardines pretenciosos se mezclan entre casitas modestas y terrenos baldíos, en la calle Benedetto Crocce 3045, Wolk vive bastante bien para estar muerto.


Para el vecindario también es un muerto con muy buena salud. “Sí, es ahí…, sí, Juan, el viejito”, le dice un vecino a Miradas al Sur cuando preguntamos por su domicilio. Vive enfrente de su casa y está sacando el auto de su garaje enrejado. El chalet de dos plantas alberga dos departamentos, divididos por una escalera pequeña en la entrada; clásica construcción marplatense de propiedad horizontal.

A tono con su pasado, Wolk vive en el de la derecha. “Departamento 1”, señala un cartelito pintado con letras blancas, en un fondo patinado de azul turquesa, al lado del timbre. Todo luce pulcro y ordenado, con violetas de los alpes multicolores decorando el cantero de unas ventanas pequeñas y alargadas que ocupan casi toda la línea del frente. Dos gatos grises juegan entre las flores. El más grande rasguña la ventana para entrar cuando escucha el timbre. Se oyen movimientos, pero nadie atiende. Tampoco cuando insistimos. Uno de los gatos se espanta y corre por el tapial.


En la trotadora que desemboca en el garaje del subsuelo, está estacionado un Renault Megane azul brillante. Pocos metros al sur, Crocce muere en la avenida Mario Bravo, el límite sur del Bosque Peralta Ramos. Curioso destino el de este paisaje agreste salpicado de añejos pinos y eucaliptos en el sur de la ciudad. A pocas cuadras, donde Wolk pasa sus días como un tranquilo jubilado retirado de la Bonaerense, vivía hasta su detención, su colega comisario y genocida, Miguel Etchetcolatz.


Habla Wolk

Al día siguiente pruebo con otra variante para intentar hablar con él. Las nuevas tecnologías otorgan ciertos beneficios. Como acceder al teléfono de una casa con sólo saber la calle y dirección exacta. La línea aparece a nombre de Olga Fiscella. Termino de marcar y me atiende quien jamás me hubiera imaginado.

–Sí, Juan Wolk, quién habla? –responde una voz que parece habituada a atender el teléfono. Me presento y no alcanzo a explicarle más.

–No, no. Está equivocado; no quiero entrar en este tema; revolver un pasado que me molesta muchísimo.

Usted ha sido acusado y condenado por delitos de lesa humanidad. Usted ha sido el responsable del Pozo de Banfield…


–¿Cómo dijo que se llama?

Le digo mi nombre, y agrego: Estoy escribiendo sobre su pasado y su presente en libertad, viviendo en Mar del Plata. Usted fue uno de los responsables de La Noche de los Lápices.


–¿De qué...? No. Está equivocado, jamás estuve en Banfield. Trabajé en la Unidad Regional de Tigre. No quiero la prensa amarilla para revolver un pasado desgraciado. Entré en la institución para pelear con los ladrones, con los secuestradores, con los que cometían delitos comunes, no delitos ideológicos, que es algo aborrecible. Tengo medallas y condecoraciones por mi tarea como policía.


–Pero fue condenado por delitos de lesa humanidad.

–No. ¡Por favor! Nunca fui condenado. Soy peronista desde 1950, tengo hijos, cómo se le ocurre que voy a lastimar a chicos…, no anduve en idioteces.


–¿Es cierto que cobra una jubilación de la policía bonaerense?

–¡Esto es un interrogatorio? No voy a contestar sus preguntas, por favor, le reitero, no quiero reverdecer hechos lamentables.


–¿Está dispuesto a presentarse en la Justicia?

–Cómo no, por supuesto. Donde me llaman voy, pero ya presenté las excusas (sic) con mi abogado. Pero le reitero, no quiero hablar de todo lo que pasó, que fue muy doloroso.


-Ahora hay una causa abierta en un Juzgado de La Plata.

–Tengo familia en La Plata y voy muchas veces, si me citan, ahí estaré. Acá me encuentra de chiripa, porque casi nunca estoy.


–Ayer (16 de Septiembre) estuve en su casa, estaba un auto en el frente y se escuchaban movimientos, pero no me abrió nadie.

–¿A qué hora?

–Pasadas las tres de la tarde. Los dos gatos grises estaban alterados con el sonido del timbre.

–Ahh…, sí…, siempre me gustaron los gatos. (Por primera vez en la charla advierto un cambio en su tono de voz. Abandona el paternalismo y se lo escucha nervioso.)

–Vive cerca de Etchetcolatz, ¿es mera casualidad o era para seguir en contacto?

–Él es comisario general; yo soy comisario mayor. Yo soy un perejil de cuarta.

–Si algo ha sido usted, no es precisamente un perejil.

–A mí me han cagado. Nunca me metí en política porque no me interesó; a mí la política nunca me dio nada.

–¿En qué lo engañaron?

–Ya le dije que no quiero salir en los medios, no quiero hablar de lo que pasó.

-¿Le alcanza con la jubilación?

–Más o menos. Adiós.

Ayer volvimos a la casa de Wolk para intentar registrar en imágenes. Al instante de tocar el timbre, se abrió la puerta de la casa de al lado.

–¿Qué buscan? – preguntó de mal modo un hombre flaco y semi calvo.

Hablar con su vecino.

–No lo conozco.

–Acá vive un genocida.

–Ah… No sabemos nada. Y la puerta se cerró despacio.


Represor al descubierto

Marta Ungaro descubrió el año pasado que Wolk no estaba muerto. Ella es hermana de Horacio, que tenía 17 años cuando lo arrancaron de su casa de La Plata. Es uno de los chicos asesinados en La Noche de los Lápices, de la cual se cumplieron 33 años esta semana.


Entre la medianoche y las cinco de la mañana de aquel 16 de septiembre de 1976 fueron secuestrados además de Horacio, Claudio de Acha, Daniel Racedo, María Claudia Falcone, María Clara Cuicchini y Francisco López Murtaner. Para los militares, reclamar por un boleto estudiantil era un atentado que se debía reprimir de inmediato. A Pablo Díaz lo secuestraron cinco días más tarde y pudo recuperar la libertad.


El Pozo de Banfield tuvo algunas características distintivas dentro de los CCD que montó la Dictadura. Distintos testimonios revelaron que su personal se mostraba a cara descubierta. No había control sobre los secuestrados; ni siquiera eran interrogados. Y la cantidad de “traslados” mencionados por los diversos testigos, hace pensar que en su última etapa el Pozo de Banfield era un centro de exterminio.


Otra de las aristas singulares del campo de concentración que comandaba aquel comisario apodado El Nazi fue el gran número de embarazadas vistas allí, como así también el elevado número de partos que se produjeron en ese lugar. Embarazadas detenidas en otros establecimientos policiales o militares eran trasladadas al Pozo de Banfield cuando se encontraban a punto de dar a luz. Ningún bebé fue devuelto a su madre ni a sus familiares.


Entre esos muros fueron torturados los estudiantes secundarios platenses: “Claudia no necesitaba el boleto estudiantil barato, porque nosotros no teníamos problemas económicos y ella vivía a dos cuadras de la escuela. Se metió en esa lucha por solidaridad”, contó alguna vez Nelva Falcone sobre su hija. “Hay testimonios que indican que Wolk fue quien mató a mi hermano y arrojó su cuerpo en el cementerio de Avellaneda, donde encontraron los restos de Luis Ciancio, un muchacho de Berisso”, asegura Marta Ungaro.


Marta descubrió que Wolk cobraba una jubilación de comisario mayor, por su tarea docente en la Escuela Juan Vucetich y el Liceo Policial. Su último destino efectivo fue la Departamental de Pehuajó. Casualmente donde trabajó como médico policial toda su vida el doctor Falcone, en cuyo auto un testigo aseguró que secuestraron a Julio López. Wolk es el número de beneficiario 10.805 de la Caja de Retiros de la Policía, y todos los meses cobra en la casa central del Banco Provincia de Mar del Plata, San Martín y Córdoba.


Toda esta documentación que pudo recolectar Marta, junto con el legajo personal de Wolk y dos diskettes con testimonios que lo incriminaban, se presentó en la causa Horacio Ungaro, en la Secretaría Única sobre Habeas Corpus, el 8 de julio del 2008. El Juez Arnaldo Corazza del Juzgado Nº3 de La Plata, es quien llevaba adelante la causa 26 Pozo de Banfield en la Secretaría Especial de Investigaciones. Pese a toda la colección de pruebas presentadas, todavía el magistrado no ha llamado a declarar a Wolk.


A los 76 años, el otrora poderoso comisario mayor es un anciano jubilado que circula con parsimonia por las calles de Punta Mogotes, provocando ternura en sus vecinos y que, si el día está lindo, hasta se anima a caminar por el Bosque o llegar a la playa. Hace tres décadas, el señor Wolk trabajaba de genocida. Ahora le parece dolorosa esa etapa de su vida. Pero ya se sabe: el pasado siempre vuelve.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Ricardo Piglia y Mar del Plata

“(…) Mi padre era peronista; cuando cayó Perón, nosotros empezamos a sentir la presión del cambio político. Vivíamos en Adrogué, un suburbio de Buenos Aires donde los lazos familiares y de amistad se entreveran y los conflictos políticos y personales se potencian.
Nos fuimos a Mar del Plata y mi padre empezó de nuevo. Fue un cambio (…) muy benéfico, porque Mar del Plata es una ciudad con una vida cultural muy intensa. Y ahí empecé a escribir. (…) Allí me ligué a la gente de un cine club histórico, y a los aspirantes a escritores, estudiantes crónicos, periodistas que hacían la bohemia de la ciudad.

Mar del Plata es fantástica, porque es un sitio de veraneo que en invierno queda convertido en una especie de lugar desprotegido, un pueblo que tiene todas las características de una gran ciudad: muchos cines, muchos bares que están vacíos siete meses por año. Había uno al cual iba la gente que jugaba en el casino: "Ambos Mundos". Estaba abierto toda la noche. Ahí, como jefe de la mesa de discusión, estaba un norteamericano que contaba una historia muy extravagante sobre sí mismo. Decía que era un escritor importantísimo que había publicado varios cuentos en el New Yorker. (...) ¿Por qué ese hombre tan culto, tan refinado, que vivía sin trabajar, estaba ahí? Porque había venido siguiendo a una mujer, una novia de Nueva York casada con un empresario de la pesca que había sido trasladado a Mar del Plata. Lo cierto es que él fue un gran maestro para mí: él me hizo conocer esos libros de literatura norteamericana que no circulaban fácilmente.”

*Ricardo Piglia, narrador, ensayista y crítico literario, nació en Adrogué, prov. de Buenos Aires, pero en 1955 se a vivir a Mar del Plata. Es autor, en otros, de los libros Respiración artificial y Plata quemada.

En Mar del Plata nació Sui Géneris...


"Acá nació Sui Géneris (...). Acá fue donde una noche se fue el bajista. Éramos soportes de "Pedro y Pablo" y del Negro Jimmy, y el bajista nuestro se asustó y se fue. Al irse el bajista, el baterista quedó sin par y entonces debutamos como dúo con Nito Mestre. Hacíamos las mismas canciones que con los cuatro, y la gente nos empezó a aplaudir, así que nos dimos cuenta que ese era el asunto. Así nació Sui Géneris, en Mar del Plata (...). Creo que en el teatro Diagonal, si no me equivoco, hicimos una temporada con "Huinca", que era un grupo de Lito Nebbia, y ahí fue cuando vimos que venía bien la cosa, no lo podíamos creer (...).
(Mar del Plata) es un pedazo bastante importante de mi infancia. Significa una carpa en la Bristol o por ahí, haber descubierto la citarina, que fue el primer instrumento que toqué, un choque con los autitos en la Plaza Colón, mi tío "Chucho", pintor, un abuelo que no conocí que parece que tenía algo que ver con el Torreón, Nito Peralta Ramos, la San Martín... Mar del Plata siempre fue un lugar que lo sentí como muy mío. Venía de chico a veranear... Veníamos siempre. Me acuerdo que un día mi mamá pretendía alojarse en el Torreón porque lo había construido mi abuelo, o algo así. Le explicaba al portero del Torreón y el tipo la miraba con una cara...
Charly García, en entrevista realizada por el diario La Capital, 13-2-08.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El Libro de Mar del Plata, Osvaldo Picardo*

IV
Hay un cuadro de Hopper
que me recuerda caprichosamente
la ciudad en que nací.
Ventanas en la noche.
En primer plano,
por efecto de la luz y la sombra,
casi no vemos el fondo.
Una cadera de mujer y un codo
indican un brusco movimiento
que una de las ventanas recorta.

Es una historia que no necesita
principio ni fin.
La ciudad insiste en aparecer
en la tela del pintor.

También, para mí,
he creado mi propia tela.
No existió antes ni después.

El inmigrante y el desterrado
me entienden.

El turista
nunca ha llegado a estas playas.

*Poeta marplatense residente en esa ciudad. Los poemas pertenecen a El Libro de Mar del Plata.

A Mar del Plata, por Joaquín Sabina


Balneario de todos y cualquiera,
con almenas de arena y silicona
tanga imposible, mínima pollera
primavera que llega y no perdona.

Mono Burgos, Luthier, Serrat, Olmedo
confitería bailable, chicas malas
albergues transitorios, dos en pedo,
efebos con derecho a generala.

Duende con lamparones de Aladino,
bandiera nera, código pirata,
prófugo de los puertos sin destino,

Paquebote con mástil de hojalata.
Mi postrero crucero ultramarino
sueña con naufragar en Mar del Plata.

2006, Recitado en el concierto en Mar del Plata.

La casa de Perón en Mogotes




¿Sabían que Perón tenía una casa en Punta Mogotes? Eso dicen los conocedores del barrio sureño marplatense.

Se trata de la construcción en L que está ubicada en la esquina de las calles Puán y Vergara (véase foto, gentileza lacapital-curiosidadesbarriales.blogspot.com ).

Hallazgo arqueológico en Punta Mogotes




Tras seis años de excavaciones, un equipo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), comandado por el doctor Mariano Bonomo, logró identificar la identidad y las costumbres de los primeros pobladores en la zona de Mar del Plata. Éstos se establecieron allí hace más de 5.700 años. Se trata de grupos aborígenes provenientes de la llanura pampeana que visitaron las playas de Mar del Plata y establecieron allí campamentos temporarios.
Si bien los científicos relevaron unos 300 kilómetros de costa desde Mar del Plata hasta Tres Arroyos, uno de los yacimientos arqueológicos más ricos fue encontrado en la zona del Faro de Punta Mogotes, en las inmediaciones del Arroyo Corriente, donde está ubicado el complejo balneario Waikiki.
Por el valor de los descubrimientos alcanzados con su investigación, Mariano Bonomo fue distinguido recientemente con el Premio Estímulo para Jóvenes Investigadores que otorga la Fundación Museo de La Plata "Francisco Pascasio Moreno".

Fuente Prensa, UNLP.